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Mi mayor proyecto

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Empecé a creer que había perdido la capacidad de escribir, de comunicarme. Que ya no era sencillo tratar con mis seres queridos. Me vendí la idea de que todos evolucionamos y de que muchas cosas ya no eran necesarias. Me desapegué del hábito de la lectura, de las platicas conscientes, del ejercicio y de la realidad. Sin darme cuenta, estaba manifestando externamente lo que me sucedía en el interior. Era muy normal que mi creatividad estuviera dormida y yo sintiera que las nuevas ideas no fluían, porque en vez de poner a trabajar a mi cerebro para incentivarlo a ello, me levantaba y lo primero que hacía era tomar mi celular y abrir Instagram, Facebook o las noticias para ver que estaba sucediendo; ni siquiera estaba dándome el tiempo de agradecer por despertar; de sentirme viva. Cuando llegaba a mi casa después de estar 8 horas en una computadora trabajando, me tiraba 5 o 6 más a envolverme en el celular deslizando el dedo, dando likes y generando cero aportaciones a mi mayo...

El tercer escalón del segundo piso

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Hace un año me encontraba gozando plenamente el sueño por el que tanto había trabajado y luchado desde hace tiempo. Me entregaba al cien por ciento a esa pequeña experiencia de vida que se convertiría en uno de los principales motores que me crearían como el ser humano que tanto anhelaba ser y que me encuentro en el proceso de ser. Escribí uno de mis escritos favoritos haciéndole hincapié a mis 21 años y las 21 cosas que había aprendido a lo largo de ellos, las cuales me habían ayudado a llegar al lugar en el que me encontraba. Comenzaba los 22 años más vulnerable que nunca. Por primera vez en toda mi vida, me permitía sentir a flor de piel todo lo que me sucedía. Si estaba triste, me permitía sentirlo y consentirme como lo merecía. Si estaba feliz, yo solita me lo celebrara con los gustos que tanto me daban vida. Le di el significado que merecía a mi presencia y le adjudiqué la importancia tan inmensa que merece el amor propio. Claro que no me había convertid...

Ni los cincuentas son eternos

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Vive cada etapa, entrégate al cien, da tu mejor. El tiempo no vuelve, no apremia y no perdona. El tiempo es lo único que no espera, que no se detiene. Disfruta la etapa presente y deja de preocuparte tanto por la que ya no está o no ha llegado. Haz lo que te nazca hacer, vive como te vibre hacerlo en el momento que te encuentres. Mañana ya será muy tarde, ya habremos evolucionado y probablemente no volveremos a sentir esas ganas nunca más. Si quieres mudarte, trabajar en un restaurante, cantar, bailar, etc.,¡Hazlo! Mañana tal vez te levantes con las ganas de hacer algo diferente y todos esos gustos pasados habrán quedado como expectativas y no como experiencias. Estamos en constante reinvención. Cambiamos a cada instante, y posponer las cosas hace que probablemente nunca vayan a suceder, pues perderemos el interés, surgirán nuevas ideas y tal vez, el tiempo ya no será el suficiente. Así que vive cada etapa intensamente. No vas a tener veinti tantos por siemp...

Antes del café

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Lo que quisiera hacer entender, y hacerme entender en este texto, es que tienes que ser un ejemplo, más ético que la sociedad en la que vives, priorizar y entender que el número uno eres tú. Tener tus metas bien claras, pero tampoco asustarte de no saber por dónde empezar a cumplirlas. Quiero emprender, quiero escribir, quiero ejercitarme, quiero ser feliz, quiero hacer un cambio para la sociedad, quiero aportar vida a mi alrededor y sobre todo a mí. Quiero y puedo. Y tanto quiero que ya lo soy, aunque aún no tenga todo. Porque ya me visualicé, porque yo soy realidad y porque la vida es mía. Empezar con pequeños pasos: Para de juzgar a la gente No permitas que los comentarios ajenos te hagan daño y afecten tus sentimientos y estados de ánimo Crea rutinas sanas. Realiza tres nuevas cosas cada mañana durante un mes. Regístralas, lleva una bitácora Prueba nuevas cosas Apaga el teléfono Fotografía solo lo que es real. Deja de pretender lo que no es Ponte a le...

Cree en ti

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Deja de sentir culpa por decir que no, por no querer ir, por preferir otras cosas. Deja de escudarte en buscar pretextos para que tenga lógica tu decisión; solo tiene que tenerla para ti. A veces nos encanta hacer sentir a los otros que deberían haber hecho algo que nosotros queríamos, pero la realidad es que tu decisión no es la decisión de los demás. Deja de sentir que puedes controlar todo. Controla tu vida, tus elecciones y tus emociones. Lo que eres y lo que serás. No por tratar de quedar bien, que alguien más no se enoje o que se justifique lo que decides, digas o escribas un párrafo inmenso del motivo de tu ausencia; intentar que para el otro sea razonable y solo así sentir paz contigo mismo. Ya es razonable tu decisión, sea cual sea. La paz interna que sientes al decir lo que sucedió, justificándote; es la misma paz interna que al tomar la decisión debiste tener. Entonces pregúntate, ¿Estoy tomando esta decisión por mi o por algo/ alguien más? Quizás desde ahí ...

Si te da paz, ya te está dando todo

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Miércoles con sabor a martes después de un largo puente. Leo los 13°C en mi teléfono, pero en realidad mi cuerpo siente los 26°C. Me levanté con el pie izquierdo, seguido del derecho; Los volví a subir a la cama y ahora bajé primero el derecho y luego el izquierdo. Prendí el agua hirviendo de la regadera como es costumbre y le cumplí su deuda a mi enero pasado. Abrí la página del libro que no le leí y para compensarlo le leí 9 de más. El olor a café ya estaba fresco en la cafetera y el sonido de las burbujas me avisaban que 2 minutos más y ya olería a quemado. Me senté frente a la ventana, destapé mis pies de sus fundas blancas y los coloqué bajo los rayos del sol. Respiré profundo. Continué leyéndole ahora a febrero, para no tener que deberle páginas. Le leí fuerte al silencio “All we have to do is write one true sentence.  Write the truest sentence that you know.” -Ernest Hemingway. Y comencé a escribir, a escribir sin parar. Cuando mi muñeca se cansó de jugar...

¡Valga la redundancia!

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Existen mucho mejores cosas que el pasado, cosas más valiosas a las que aferrarse. Por ejemplo, tienes ese amigo que lleva días queriéndote ver y tú insistes en decir que no porque esperas de un pasado que ya ni siquiera te responde. Existe ese restaurante que mueres de ganas de conocer, pero no te atreves a ir pensando que ese pasado algún día te llevará. Existen tantos libros que leer, tantas calles que recorrer, tantas personas que conocer, que poco a poco van yéndose mientras te sientas horas pegado a un teléfono viendo que es lo que está haciendo ese pasado; viendo cuál es el presente de ese pasado y viendo tu presente yéndose rápidamente al pasado. ¡Valga la redundancia! Pero eso es en lo que estás convirtiendo tu presente al amarrarlo a algo que ya no está. Dale paz a tu corazón, tranquilidad a tu alma y propósitos a tus pensamientos. No es fácil soltar las cosas cuando fueron importantes para ti. Pero cuando aceptas el porqué de qu...