Ella
Sé el poema completo, se repitió mientras se cepillaba su intento de caireles de 64 cm frente al espejo aquella madrugada de septiembre.
Ella no pretendía ser la bonita ni la guapa de nadie, al contrario ella quería ser el poema completo.
Detenida veía su extraño perfil y como a la par todo encajaba tan bien ahí. Cada punto de su cara, desde el barro de las cálidas tardes de fin de semana, como la pequeña peca que ocultaba brindada por la varicela de hace 10 años.
Ella no podía ser solo guapa, ni mucho menos bonita.
Ella era tan buena, tan pura, que todo lo que tocaba parecía un acto de magia, una buena obra de caridad.
Ella era tan interesante, con tanto que contar, que tratar de cerrarle la boca era el octavo pecado capital.
Ella era tan amorosa, que hasta las flores deseaban arrancarla de sus raíces para poder llevarla de adorno con ellas.
Ella era tan soñadora, que muchas veces las estrellas se preguntaban si ellas eran las que estaban brillando por ella.
Ella era tan seductora, que un par de piropos y 3 y media miradas ya eran parte de su rutina diaria.
Ella era tan poderosa, que ni atándola a algo soltaba el cordón de lo que realmente quería.
Ella era tan intuitiva, que aún antes de que sucediera algo, ella ya sabía cómo reaccionar, como actuar y sobre todo como dar.
Ella era tan generosa, que efectivamente, a veces generaba más para el prójimo que para ella misma.
Ella era tan liberal, que si le decían blanco y cielo yo lo hago, ella decía negro y gris hagámoslo los dos.
Ella era tan inalcanzable, que aparecía en sus sueños con frecuencia, repitiéndole que lo único inalcanzable sería estar sin haber luchado por ella.
Ella era tan tierna, que aún despeinada y en sudadera, brillaba con más luminosidad que el sol, que las estrellas, que la galaxia entera.
Ella era tan miedosa, que todo le aterraba, pero todo lo tomaba.
Ella era tan melancólica, que escribía poemas y cartas hasta porque la lluvia nocturna no había llegado.
Ella era tan alegre, que no había conocido a alguien capaz de no devolverle una carcajada y aun siendo alguien tan pesado y poco carismático, no había sido capaz de no devolverle la sonrisa misma.
Ella era música, era los pasos de baile más vergonzosos, la letra de las canciones que nunca se habían inventado, la melodía del universo.
Ella era inspiración, aun viniendo puras ocurrencias de su boca, todo era motivo para querer y llegar a ser mejor.
Ella era verbo, habla contemporánea. Era el diccionario parlante y las carcajadas más emotivas, puras e intensas que recorrían los 20 km a la redonda de ella.
Ella era angelical, que tratar de entender y explicar tanta carga positiva en ella y las ganas de levitar estando a su lado, parecían un milagro, algo que jamás reencarnaría y jamás se repetiría.
Ella era ambiciosa, no de las que quieren más dinero, sino de las que siempre están queriendo más y más amor.
Ella era dulce, encantadora, la miel enfrascada en un cuerpo de 1.67 cm color canela.
Claro que no puedo ser solo la guapa y la bonita de alguien, despertó de su viaje al interior.
Decir que no soy también la celosa, la odiosa, la imparable, la quejumbrosa, la aferrada y la enojona, sería como describir solo el día y a ella le encantaban los amaneceres, el ocaso. Entonces, claro que era necesario describir su noche, su lado rudimentario y oscuro.
Ella era vida, y a la vida no se le describe como bonita. A la vida se le describe como mágica, única, interesante, ambiciosa, tierna y amable.
A la vida se le describe como todo lo que es, y todo lo que la conforma.
Claro que es bonita, pero así también lo es una rebanada de pizza, una tarjeta de amor, un picnic en el campo. Pero ella, ella es otra historia.
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