El príncipe y la guerrera de cuento de hadas


Desde el día que lo conocí acepté en automático que esa historia de cuento de hadas no iba a ser como yo siempre la había esperado, pero como buena mujer cuando se pone sus mejores prendas como lazo en los ojos, me aventé.


Era de esperarse que en la relación nunca iba a existir lo que mamá siempre me había dicho que aceptara, no porque soy mujer y nos toca ese papel, sino porque cualquier ser humano es lo mínimo que tiene que aceptar.  Y claro está que ambos lados tienen que generar energía, poner ganas, tiempo, interés y muchas otras cosas para que al final todo pueda funcionar.

Y si, esto si va porque soy mujer y creo que cualquier mujer no merece menos cuando se trata de amor, cuando se trata de realmente ver que la persona que quiere estar a tu lado es la ideal, la indicada, porque si el caballero que se encuentra contigo no te demuestra que quiere estar a tu lado, y no profundizaré en detalles románticos que ya se saben,.
Entonces, ¿Cómo vas a tener la certeza de no estar desperdiciando tu vida a lado de alguien que no le interesa que lo hagas?

Yo empecé la relación, yo empecé esos mensajes a las 2 de la madrugada para obtener largas pláticas sobre la vida y muchas veces esos pequeños mensajes matutinos para desear un bonito inicio. Yo empecé a ser un intento de amiga y apoyo en decisiones que él necesitaba sanar y resolver para que de ese modo el quisiera estar conmigo. Por supuesto que nunca hubo esa primera cita en donde te pones el vestido más bonito, tus jeans favoritos, tu labial color rojo, porque sabías que prefería ir y tirar su dinero en apuestas a ir y conocerte más.

Porque desde un inicio aceptaste esos pants grises como un día a día, y ese negativismo de no querer ser mejor empezando por tu familia, para después poder ser mejor para ti. Y así yo esperaba que me mostrará una incondicionalidad si no podía ni mostrársela a la mujer que le dio la vida.

Fui el tope y rebote de su relación pasada, y los ojos que observaban los detalles y regalos de ese pasado en el librero de su cuarto. Fui la boca que le decía que los quitara, y la misma boca que callo cuando dijo que no eran importantes.

Fui la misma persona que enferma, operada y en cama aceptó que esa persona no fuera, no estuviera. La misma que sabía que tenía que llevar dinero extra para comprar dos comidas en vez de una y la que tenía que esforzarse por tener el coche para recogerlo aun sabiendo que si él se esforzaba un poco podría obtener el suyo para que los papeles no fueran así.

La misma mujer que no recibió en su cumpleaños ningún detalle, ni recibió un feliz inicio de año cuando terminó la cuenta regresiva.

La misma que tenía que refugiarse en escritos de amor acoplado, de amor diferente, de amor innovador, para no comprender que su amor no estaba bien.

Fui la guerrera del cuento de hadas, vacía, triste y sudada. Hasta empecé a olvidar como arreglarme, pues de todos modos un poco de rubor en los cachetes para el no hacía la diferencia. Y si, la autoestima se me fue hasta por los suelos, engordé tanto de solo pasar días y tardes recostados en un sillón viendo películas, empecé a dejar de lavar ropa pues solo utilizaba el mismo par de pants y playera casi a diario por la comodidad que estos representaban.

Empecé a sentirme bien, a sentirme amada en ese pequeño lienzo de amor que había pintado para nosotros. Empecé a amar las cosas que él veía como amor, olvidando lo que a mí se me había enseñado en casa y en corazón.

Me enamoré de la personalidad más opuesta a mí y de la última persona que en mi definición de amor juré hacer, pero lo hice, y lo hice bien. Y ame bien, bonito y en grande.

Lo ame a él de la forma en la que yo me tenía que haber amado, así que de alguna forma ese amor nunca se durmió.

Pero ya era tiempo de parar con eso, de salir de ahí y de cursar el examen final en mi cabeza aquella tarde de noviembre, en donde con todo el amor que se había formado y toda la dependencia que tenía en mi ser, contesté acertadamente la última respuesta. Si seguía ahí, nunca más iba a volver aquí, a mí.

Así que me recogí el cabello en un alto chongo, me quité pants y playera y me decidí.





Que si tenía que ser la guerrera de mi cuento de hadas, iba a ser la guerrera del cuento de hadas que a mí me gustara.

Comentarios

  1. Mi calvita guerrera, no mereces menos! Te abrazo!

    ResponderEliminar
  2. Gracias por siempre leerme y estar. Te quiero mucho calva 💗

    ResponderEliminar
  3. Ya pasó tiempo de esto. Espero te hayas recuperado y ahora uses lindos vestidos. Creo que me identifico mucho con este texto. Hay que amarse, y a veces es difícil comenzar el cambio, pero hay que hacerlo. Gracias por tus palabras, por tu experiencia, me anima. Te quiero.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Te quiero mucho y siempre te abrazo con mucho cariño 💗

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Hay años que apremian y años que enseñan

Let’s break el apego