Y siempre estarás tú
Y nuevamente estas aquí tú, que
gran ironía, que gran controversia, que gran fantasía.
Y aquí estas tú, haciéndonos
volver a mí. Gritando tuyo, creyéndote mío.
Y aquí estas tú, con la mismas
caricias, el mismo sabor y el mismo deseo, deseándome a mí, deseándote a ti.
Y aquí estás tú, enredándome en
lo nuestro, abriendo pasado, reciclando
sentimientos.
Y aquí estoy yo buscándote de
nuevo, necesitando algo, buscándolo en ti.
Y aquí estoy yo desconfiando de
todo, respirando, sintiendo, pero no sintonizado.
Y aquí estoy yo, acostada junto a
ti, diciendo que ya no pasará nada, deseando que el tiempo se llame nada.
Y aquí estoy yo, ingenua, real y
esperanzada.
Y aquí estas tú, ingenuo, creíble
y deseoso.
Y aquí estamos nosotros, muriendo
por un juntos, por un por siempre, por el momento, pero tan perdidos.
Y aquí estamos nosotros,
mirándonos, besándonos y queriéndonos.
-Te quiero, has dicho.
-Nada, he dicho.
Y aquí estas, esperando una
respuesta de mis labios. Me observas y no puedo, mis lágrimas se juntan, la
sangre me corre, el corazón se sale, mi cabeza se pinta de blanco, apareces tú
en ella, y lo único que sé es que no puedo decir que yo también, porque es
mejor callar a esperanzar.
-Se cuándo mientes, y aunque no
lo digas sé que aún lo sientes.
-No sabes nada, lo niego.
-No logras aguantar la mirada,
por eso sé que aquí sigo.
Y como decir que no, si pueden
pasar días, meses, canciones, amores, la lluvia, el sol, mis mejores días y los
peores y aún no logro sacarte de aquí. Y lo más frustrante es que ni siquiera
he tratado de sacarte y a ratos siento que ni siquiera ya estas.
-Tal vez debamos dejar todo esto
así, dije.
-¿Vernos solo a ratos?-
preguntaste
-Me refiero a hoy.
-¿Entonces porque llamaste?
-Necesitaba una última vez de ti,
poder despedirme bien, sabernos nuestros, olvidar todo el respeto perdido, la
desconfianza, los daños y las traiciones, tenerte una vez más frente a mí y
recordar porque valió tanto la pena esto.
Necesitaba sentirte una vez más,
poder recordar tu olor, esencia, tus labios en los míos, sentir tu rostro, tu
aliento. Necesitaba recordarlo y verlo real una vez más, porque me dio miedo
que estaba empezando a desaparecer.
-Sigo sin entender tu punto,
dijiste.
-No es que no te quiera, un año
no ha pasado en vano. Simplemente esto ya no es sano. Nunca podremos ser amigos
y que feo es eso, porque de no haberme enamorado, podrías ser de los mejores,
tan agua fría tú y tan agua caliente yo, pero tan risueños, espontáneos y
únicos juntos.
Tampoco podemos abrir heridas o
empezar de cero, ya no puedo confiar en ti y tampoco tú en mí. No podemos
pretender que nada paso, todos lo saben, todos los lugares lo recuerdan,
nosotros no lo podremos olvidar.
Te quiero, no mentía, solo le
otorgaba esa respuesta a mi silencio, pero porque te quiero sé que lo mejor es
esta despedida, no dejarla en un hasta pronto, si no en un hasta siempre.
Dejarnos ir, crecer y darnos cuenta que los zapatos ni a la fuerza entran, que
los amores eternos son los más cortos y que tú siempre serás tan mío y yo tan
tuya, no más en la realidad, pero si en las mejores historias, en las mejores
experiencias y en esta vida.
-Perdón, no debí hacer lo que
hice, pero tampoco tú debiste. Tienes mucha razón, nunca podremos ser amigos.
Solo me cuestiono si todo esto lo planeaste para que me tuvieras solo para ti,
contestaste.
-(Reí)… Siempre has sido tan
tonto, pero nada de esto fue planeado. Solo nos enamoramos fue todo.
Me tomaste de la cintura y me
hiciste reír como solo tú sabías hacerlo. Entre risa y risa, beso y beso,
miradas y caricias, fuimos olvidando el punto inicial de todo esto, todas las
palabras que dijimos en vano quedaron.
Supongo era cuestión de
esperarlo, ese es nuestro final siempre. Tomamos un rato serio, pretendemos ser
poetas, tú tienes la razón y yo me niego a aceptarla, yo la tengo y por
supuesto que nunca la creerás. Nos decimos todo lo que pensamos y al final
recordamos que no estamos hechos para eso, que el nosotros es puro amor y
pasión. Que no nos entenderemos, nunca lo hemos hecho. Que el nosotros es lo
más fuerte y concreto, que sabes todo de mi porque no me canso de repetirlo y
que se todo de ti, aunque creas que no lo hago. Que conozco cada gesto, cuando
mientes y cuando eres sincero, que aunque no lo digas sé que tienes miedo.
-¿Por qué me abrazas como si no
quisieras soltarme, tan fuerte y tan largo? ¿A caso es que te sientes segura y
protegida en mí?- preguntaste
-Sí. Y a partir de contestar eso
juré que ese sería nuestro último abrazo.
Pretendimos haber arreglado todo,
cuando en realidad ya nada estaba roto. Entre recuerdos puedo saber que dijiste
que podríamos volver a intentarlo, y tú no sabrás que yo era lo único que
deseaba pues mi fuerza logró guardar todas esas palabras y no dejarlas salir de
mí ser.
Qué ironía, cuando más te sentí
convincente, cuando de verdad pude ver arrepentimiento, amor y coherencia, fue
cuando me aferré al silencio y al miedo.
Y cómo decir que no a nosotros,
si ni siquiera sabemos a dónde va nuestro amor.
Todos los sueños que tuvimos
alguna vez, vuelven a nacer. No se cómo luchar contra nuestra alegría, si cada
día nuestro sol entra en agonía.
¿A dónde va nuestro amor? Que
cada vez que regresas no sabré si es para quedarte. A donde va si ahora que por
fin empiezo a sentirnos reales, mi miedo ya es gigante. A donde va si te amo y
no puedo dejarte.
Vuelvo a sentir, vuelvo a creer.
-Jamás había pasado tanto tiempo
sin vernos, dije.
-Fue lo mejor que nos pudo pasar,
necesitábamos sanar y volver a empezar, contestaste.
-Ya nadie nos quiere juntos, ya
nadie nos cree, ni siquiera nosotros mismos lo hacemos.
-Qué más da lo que quieran, qué
más da lo que pase, qué más da si la noche es eterna y nosotros vivimos en
ella.
¿Maldita sea, porque no podemos
estar juntos y olvidar todo?
Jamás había visto a alguien tan
completo. Tan lleno de defectos, tan bueno y desubicado, trabajador y
resignado, tan sensual y romántico, tan suyo y solo eso.
¿Y ahora qué hago?
Alguien deme la respuesta, dámela
tú. Dime si me ilusiono y continuo o si hago caso al plan A y nos dejo en un
hasta siempre.
Te convertiste en mi heroína, en
la primera adicción que tuve. En mis ganas de comerme al mundo y en mis ganas
de no verlo.
Te convertiste en mi equilibrio,
lo malo y lo bueno. Lo sano y lo masoquista.
Al leer esto ni yo me entiendo,
como es que tanto dolor en algún momento me dio tanto amor. Como ser capaz de
sentir necesidad a volver a empezar, si mi sexto, séptimo, octavo y noveno
sentido me recuerdan que no funcionamos así.
Que existen todo tipo de amores y
el nuestro no es de esos de película. No somos de novela, ni somos de cuento de
hadas.
Que nuestro amor no es un lazo,
ni mucho menos miel. Que somos necesidad y adicción. Somos el momento y lo
hermoso que es eso. Qué no lograremos formar otro tipo de amor, y que aferrarme
a eso solo me causará decepción. Que necesito soltarte y que necesito
entenderlo. Que el daño que nos hemos causado ha sido por querer convertirnos
en historia, cuando solo formamos parte de una leyenda. Que nunca olvidare como
te conocí y la pérdida de razón que me causaste. Que comprobé que la frase de
amor a primera vista es real, que en cuestión de relación éramos uno, que la
amistad nunca faltó, la solidaridad y el cariño tampoco pero olvidamos el
compromiso.
Que te amo y que algún día lo
dejaré de hacer. Que te quiero y que también pasará a ser historia. Que si
acepto esto, no puedo aceptarlo sin miedo y sé que eso nos tirará de nuevo. Que
nosotros creamos lo malo, porque vamos en corrientes distintas.
Adicción, la mejor descripción.
-¿Ahora si me llamaras, me
contestarás los mensajes y no te desaparecerás?- te dije en la puerta antes de
que te marcharas.
-¿Por qué tienes que ser así
siempre? Deja de desconfiar de mí, lo haré.
Me besaste y te fuiste.
No puedo decir que fue lo último
que supe de ti y debo aceptar que espero que sigamos así.
Lo único concreto que ahora se es
que me dejé en el limbo, no quiero volver a odiarte, por eso quería dejarnos
terminar, pero tampoco quiero volver a amarte por eso no quiero dejarnos
empezar.
https://www.youtube.com/watch?v=eMqTwbHNAik
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