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Mostrando entradas de marzo, 2018

El príncipe y la guerrera de cuento de hadas

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Desde el día que lo conocí acepté en automático que esa historia de cuento de hadas no iba a ser como yo siempre la había esperado, pero como buena mujer cuando se pone sus mejores prendas como lazo en los ojos, me aventé. Era de esperarse que en la relación nunca iba a existir lo que mamá siempre me había dicho que aceptara, no porque soy mujer y nos toca ese papel, sino porque cualquier ser humano es lo mínimo que tiene que aceptar.  Y claro está que ambos lados tienen que generar energía, poner ganas, tiempo, interés y muchas otras cosas para que al final todo pueda funcionar. Y si, esto si va porque soy mujer y creo que cualquier mujer no merece menos cuando se trata de amor, cuando se trata de realmente ver que la persona que quiere estar a tu lado es la ideal, la indicada, porque si el caballero que se encuentra contigo no te demuestra que quiere estar a tu lado, y no profundizaré en detalles románticos que ya se saben,. Entonces, ¿Cómo vas a tener la certeza de n...

Ella

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Sé el poema completo, se repitió mientras se cepillaba su intento de caireles de 64 cm frente al espejo aquella madrugada de septiembre. Ella no pretendía ser la bonita ni la guapa de nadie, al contrario ella quería ser el poema completo. Detenida veía su extraño perfil y como a la par todo encajaba tan bien ahí. Cada punto de su cara, desde el barro de las cálidas tardes de fin de semana, como la pequeña peca que ocultaba brindada por la varicela de hace 10 años. Ella no podía ser solo guapa, ni mucho menos bonita. Ella era tan buena, tan pura, que todo lo que tocaba parecía un acto de magia, una buena obra de caridad. Ella era tan interesante, con tanto que contar, que tratar de cerrarle la boca era el octavo pecado capital. Ella era tan amorosa, que hasta las flores deseaban arrancarla de sus raíces para poder llevarla de adorno con ellas. Ella era tan soñadora, que muchas veces las estrellas se preguntaban si ellas eran las que estaban brillando por ella. El...

Siete, ocho, nueve; A veces es muy difícil ser mujer

Samsara se dio cuenta de que al final la comida que más le gustaba terminaría por ser la que más la hartaría, que la canción de amor que tan feliz la hacía terminaría siendo aquella que haría que se derramaran más gotas por sus ojos que por la llave de la regadera ese miércoles por la madrugada. Samsara caminaba por los pasillos largos de su departamento, se detenía un rato para observar las puntas agrietadas de su cabello que tan feliz la hacían, seguía caminando mientras se quitaba una a una cada prenda que llevaba puesta. Ya era la 1 de la madrugada y Samsara ya ni siquiera cargaba su alma. Uno, dos, tres, el agua de la olla del té se cae. Cuatro, cinco, seis, la melodía del ventilador del refrigerador parece ser la más adecuada. Siete, ocho, nueve, a veces es muy difícil ser mujer. Samsara solo giraba sus hombros mientras tronaba su espalda, observaba el celular cada medio minuto en búsqueda de nada, pues en la madrugada no esperas buscar, esperas ser encontrada. ...

Color de película, vacaciones y anestesia

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Que si tengo miedo, que va. Me estoy muriendo, pero claro que esa no es la linda cara que le quieres poner a las personas, al espejo, a la vida. Solo a la almohada cuando esta no se cae y te da la espalda. Que si tengo ansias, que va. Todo aquí me recorre y un día me hace desear comerme al mundo y al siguiente sentirme tan pequeña como para temer pedir un vaso de agua. Que si tengo ganas, que va. Me voy a comer al mundo yo sola a mis 21 años, o quizás solo a la parte que mi tiempo, dinero y energía permitan. Pero, esto no es nada. Hace meses platicaba con mi hermana sobre nuestros sueños. Yo frío, ella calor. Yo nieve, ella playa. Y claro que ni el miedo, ni las ansias y mucho menos las ganas pasaban. Porque lo único que teníamos era el sueño, era la emoción de lograrlo. Sabías que iba a llegar, pero no sabías lo que ibas a sentir. La verdad es que ojalá la vida se pintara color película de acción, color vacaciones de muchos meses y color anestesia total. Pe...

De esto se trataba.

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Me encanta quererte desde la primera hora de mi mañana hasta la última hora de tus largas madrugadas. Me encanta quererte por cómo llegaste, porque sin buscarte tú ya me estabas encontrando. Porque sucedimos como aquellos cuentos de amor que muy pocos leen, en una rutina cualquiera, en un día cualquiera. Porque sucedimos como las grandes cosas no suelen suceder, de una manera sencilla. Porque aquella mañana de noviembre no esperaba un gran cambio de mi rutina. Y fue así como con la misma cara de sueño de un jueves por la mañana y mis ansias por llegar y comer un poco de fruta y huevo que levantaran mi cara, estabas tú. Esa mañana mi cara se había levantado por un motivo totalmente diferente, y se sentía muy bien. Debo confesar entre estas letras y té de menta vespertina que ya te había pensado. En alguna ocasión mencionaron tu peculiar nombre y uno de aquellos días de ocio e incertidumbre en el pensar, me atreví a imaginarte y a sucederte en mi memoria. ¡Qué a...