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Mostrando entradas de 2021

Año mariposa. Año grillo. Año tortuga.

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Todo cabe. Y no todo cabe solo porque lo sepamos acomodar; todo cabe si lo sabemos mirar, reconocer y entonces si, acomodar.   Mirarnos desde los lugares que nunca lo hemos hecho para que podamos tener resultados o experiencias diferentes.   Saber que cabe una relación de amor, respeto y expansión en años que no representan un crecimiento en una dirección “positiva”. Y catálogo positivo entre comillas, porque incluso los momentos más retadores y de mayor confrontación son lo que permiten y dan el espacio a que las relaciones (y no solo de pareja) se acomoden, sanen y se decidan.   Se decidan día a día, herida a herida, brillo a brillo, presente a presente.  En donde dejemos de lado el romántico “el amor lo puede todo” y tomemos decisiones responsables y presentes de lo que nos hace bien.  El amor hace bien, pero la decisión de querer estar en un lugar, en una relación y con esa persona es lo que lo hace perdurar; lo que lo alimenta.   Acomodar el nos hace b...

Hay años que apremian y años que enseñan

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Nos volvemos a encontrar desde este nuevo lugar. Entre hojas, tinta y palabras; de las últimas bastantes estos días.   Mi vida se está moviendo tan rápido que lo único que se me antoja es parar el tiempo, un ratito, un momento. Hace unos días encontré una frase que me ha estado dando vueltas en la cabeza sin parar. Esta decía  “Ten paciencia, no te apures, hay años que hacen preguntas y años que dan las respuestas…No todo es ya, ni ahora…La vida toma su tiempo”   En realidad, tuve que parar y volver a leerla. Son de esas palabras que enchinan la piel antes de llegar al entendimiento mental. Al hacerla racional, me quedó todo muy claro.   Y comenzaré con lo siguiente; hace unos años, cuando entré a mi tercera octava, me comencé a escribir palabras a fin de año que resumieran todo lo que había vivido en él. En ese momento algo en mi me decía que la espiral siempre iba hacia arriba, estaba en un momento de mucha luz, de mucha certeza, de mucha expansión. Y la vara me la...

Esperando que pase y nos lleve a la siguiente.

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  “Hoy me conecto a mí, lloro, bailo, grito, callo; me uno a la raíz, a ese océano que nunca se está quieto, pero que siempre está fluyendo”.   Así empiezo el escrito de hoy, que me venía pidiendo a sensaciones desde hace unos ayeres que me sentara a darle vida.   Me parece cómico pensar que cuando más necesitamos poner en práctica esas herramientas que tenemos para sanarnos, es cuando más las evadimos y alejamos.   Cómico, pero muy lógico. El ego y nuestras máscaras nunca van a querer que toquemos la cura, y nos van a llevar a tomar solo la medicina que calme nuestros mares, cruzando los dedos por un mañana soleado en donde nadar en ellos ya no se vean tan crítico. Y aquí vamos, tomando las olas en los días alegres, sin saber como acercarnos a la arena en los días que vibran más bajito, por no llamarles lejanos, tristes y difíciles. Poniéndonos una llanta para flotar, en lugar de aprender a nadar.   No nos culpo, ni me culpo por hacerlo de esa manera, pues así ...