Esperando que pase y nos lleve a la siguiente.
“Hoy me conecto a mí, lloro, bailo, grito, callo; me uno a la raíz, a ese océano que nunca se está quieto, pero que siempre está fluyendo”. Así empiezo el escrito de hoy, que me venía pidiendo a sensaciones desde hace unos ayeres que me sentara a darle vida. Me parece cómico pensar que cuando más necesitamos poner en práctica esas herramientas que tenemos para sanarnos, es cuando más las evadimos y alejamos. Cómico, pero muy lógico. El ego y nuestras máscaras nunca van a querer que toquemos la cura, y nos van a llevar a tomar solo la medicina que calme nuestros mares, cruzando los dedos por un mañana soleado en donde nadar en ellos ya no se vean tan crítico. Y aquí vamos, tomando las olas en los días alegres, sin saber como acercarnos a la arena en los días que vibran más bajito, por no llamarles lejanos, tristes y difíciles. Poniéndonos una llanta para flotar, en lugar de aprender a nadar. No nos culpo, ni me culpo por hacerlo de esa manera, pues así ...