El tercer escalón del segundo piso

Hace un año me encontraba gozando plenamente el sueño por el que tanto había trabajado y luchado desde hace tiempo. Me entregaba al cien por ciento a esa pequeña experiencia de vida que se convertiría en uno de los principales motores que me crearían como el ser humano que tanto anhelaba ser y que me encuentro en el proceso de ser. Escribí uno de mis escritos favoritos haciéndole hincapié a mis 21 años y las 21 cosas que había aprendido a lo largo de ellos, las cuales me habían ayudado a llegar al lugar en el que me encontraba. Comenzaba los 22 años más vulnerable que nunca. Por primera vez en toda mi vida, me permitía sentir a flor de piel todo lo que me sucedía. Si estaba triste, me permitía sentirlo y consentirme como lo merecía. Si estaba feliz, yo solita me lo celebrara con los gustos que tanto me daban vida. Le di el significado que merecía a mi presencia y le adjudiqué la importancia tan inmensa que merece el amor propio. Claro que no me había convertid...